En España, al igual que ocurre en otros países, a pesar de haberse realizado un importante esfuerzo de conceptualización y teorización en el ámbito de las drogodependencias, existe una cierta indefinición y falta de criterios estables sobre los modelos teóricos de las intervenciones preventivas.
Sería por tanto conveniente que la planificación de los programas de prevención de las drogodependencias estableciese, en cada caso, un posicionamiento teórico que diese marco a las actuaciones preventivas que propone, permitiendo: Identificar y definir el problema o situación problemática. Definir cuáles son las variables que influyen en el problema que se aborda y cómo puede modificarlas. Cuantificar y caracterizar la situación.
Para ello será necesario responder, cuanto menos, a las siguientes preguntas: ¿Qué causa el problema? ¿Cómo explica el marco teórico elegido el origen del problema? ¿Qué factores son responsables de que el problema siga vigente? ¿Cómo puede incidirse en el problema?
Aspectos relacionados con los objetivos
Los Programas de Prevención de las Drogodependencias deberán realizar una definición y caracterización de los objetivos en el sentido de: Se explicitarán en primer lugar los objetivos (generales y específicos) a conseguir por la población a la que va dirigido específicamente el programa. Asimismo, se deben explicitar los objetivos a conseguir por aquellos agentes que, interviniendo o reforzando las tareas de prevención, pueden facilitar la consecución de las metas perseguidas por la población específica. Deben de distinguirse claramente los objetivos generales de los específicos, en función de la diversidad de subgrupos con que nos podemos encontrar.
Los objetivos deberán tener las siguientes características: estar claramente definidos, ser específicos, medibles, fácilmente identificables, ser factibles, ser compatibles con otros objetivos, poder ser expresados temporalmente tomando en cuenta las diferentes fases en que se estructura el programa, ser operativos y ser cuantificables. Podrán explicitarse objetivos relativos al comportamiento relacionado con el uso de la sustancia y otros vinculados a otras variables distintas a dicho comportamiento, pero que se consideren pertinentes.
Poblaciones a las que se dirige el programa
Los Programas de Prevención de las Drogodependencias deberán realizar una definición y caracterización de las poblaciones, tanto a las que se dirige el programa como con las que se pretende intervenir. Por lo tanto: Se describirán en términos sociodemográficos, de extensión del problema, características específicas, tamaño del grupo de población .... Se describirá por qué se eligen esas poblaciones. Se aportarán datos sobre la cobertura (¿a cuántas personas se quiere llegar?) y la adecuación de las poblaciones elegidas. Se explicitarán las vías de difusión del programa y de la demanda planteada. Se describirán los mecanismos de coordinación con las poblaciones, instituciones y recursos del medio. Se señalará en qué entornos se quieren localizar a las poblaciones elegidas, cómo se quiere entrar en contacto con ellas, también cómo se quiere garantizar la participación de las mismas en los programas.
Adecuación entre objetivos y estrategias de la intervención
Los Programas de Prevención de las Drogodependencias deberán adecuar las estrategias de la intervención a los objetivos que persigue el programa: Se explicitarán las estrategias, componentes del programa y métodos que serán utilizados en la actividad de prevención para alcanzar los objetivos. Se explicará por qué se piensa que los métodos ayudarán a conseguir los objetivos, pudiendo hacer referencia a la experiencia teórica y empírica del método. No deberían realizarse acciones que no obedezcan a los objetivos y estrategias previamente definidos, del mismo modo que puede ocurrir que cada estrategia tenga acciones diferenciadas.
Necesaria dotación de medios para la ejecución de las estrategias
Los Programas de Prevención de las Drogodependencias deberán estar dotados de los medios adecuados para la ejecución de sus estrategias: Deberá realizarse un análisis de los medios necesarios para la ejecución del programa, contemplando la suficiencia/insuficiencia de recursos propios, la estimación de costes, los recursos comunitarios con los que se cuenta, etc. Se realizará una descripción cuantitativa y cualitativa de la gestión del programa. Se precisará el equipo profesional con que cuenta el programa (nº de personas y capacitación, dedicación horaria, dirección y coordinación) y agentes voluntarios si los hay. Se describirá el material y equipamiento necesarios para la realización del programa.
La evaluación de la prevención de las drogodependencias
Para evaluar los Programas de Prevención de las Drogodependencias será necesario tener en cuenta las siguientes consideraciones: Como se indicaba anteriormente, es esencial que los programas de prevención se fundamenten en unos contenidos teóricos claros que liguen el conjunto de actuaciones con los objetivos planteados.
El diseño de los objetivos, la discusión sobre los posibles efectos de los programas, la relación de éstos con las actividades y las poblaciones así como con el marco teórico, facilita notablemente la intervención y la evaluación. Si se pretende mejorar la evaluación de la implementación de los programas será fundamental definir con claridad las poblaciones destinatarias en relación a la cobertura, a sus características y a las vías de contacto que se han establecido para llegar a la población objetivo.
También habrá que definir con claridad las diferentes actividades, la temporalización y el desarrollo de las mismas, los recursos humanos y materiales con los que se cuenta. Pueden establecerse diferentes niveles de evaluación como a continuación se señala.
La evaluación del proceso
Para evaluar los programas de prevención resulta imprescindible un primer nivel básico: la evaluación del proceso. Este tipo de evaluación permite mejorar el nivel de definición e implantación de los programas, posibilitando la mejora de la planificación general, abriendo el camino a la posterior evaluación de resultados (la evaluación del proceso compara lo realizado con lo planificado, devolviéndonos información necesaria para el diseño de programas sucesivos). La evaluación del proceso que se plantea para los programas de prevención es la siguiente: Evaluación de la cobertura
a) Se establecerán tasas de cobertura sobre la población objetivo y sobre la población de la zona. Un procedimiento puede consistir en establecer la relación entre las personas que han acudido al programa y la población objetivo (conocida o estimada). Por población objetivo vamos a entender toda la población potencialmente objetivo de nuestra intervención en el entorno en el que trabajamos.
b) Adecuación: Se describirá el perfil de los usuarios en función del colectivo de pertenencia; por ejemplo: amas de casa, población general, profesionales, jóvenes, etc., y en relación a las variables de edad, sexo, ocupación, estudios, etc. Es decir, se señalarán las características del colectivo objetivo de nuestra intervención. La adecuación de la población se analizará comparando las características de la población definidas inicialmente con la población que ha asistido al programa (la selección adecuada de la población es uno de los elementos clave para la correcta ejecución de programas sociales).
c) Esta evaluación se puede completar con un análisis de la demanda en el caso en que el programa lo requiera y con la descripción de las vías de difusión del programa, es decir, con la manera en que el programa ha contactado con su población objetivo.
Evaluación de las actividades
La evaluación del proceso también abarca el estudio de las distintas actividades (número, descripción, tipo, etc.) que se han realizado en el programa en torno a los objetivos del mismo. Las actividades tienen que estar definidas en relación a la población, el objetivo, el material, el procedimiento, el personal, el tiempo, y los participantes. Estos datos se pondrán en relación con las actividades que fueron planificadas y de esta manera se tendrá una clara idea de los cambios que ha sufrido el programa.
La asistencia de los participantes, los materiales utilizados, los procedimientos para realizar las actividades, las opiniones de los participantes respecto a la marcha del programa recogidas por medio de cuestionarios y encuestas, complementadas con las opiniones del equipo, constituyen la fuente de datos básicos para la evaluación de las actividades. Evaluación de recursos humanos (equipo)
En relación al equipo, es importante detallar cuántas personas lo han formado, qué titulación y qué dedicación horaria han tenido al programa y si ha ocurrido algún cambio durante esta fase de ejecución. También es importante describir la función que ha desarrollado cada uno. El equipo puede estar compuesto además por voluntarios; en este caso, es importante también describir los mismos datos de los voluntarios. En algún programa de prevención los equipos están formados por personas de distintas instituciones, y por tanto es de interés describir cómo ha sido la coordinación entre ellos y la coordinación con las distintas instituciones.
Para ello, se puede utilizar una hoja de registro que, a modo de agenda, recoja los datos de las reuniones celebradas, de las personas que han asistido y de las conclusiones y acuerdos a los que se ha llegado en la reunión. La temporalización En la evaluación del proceso se analizará la diferencia entre el tiempo previsto y el tiempo real de ejecución. Además, en este apartado se analizará la relación entre las actividades planteadas y las realizadas en función del calendario. Recursos materiales y presupuesto En una evaluación del proceso es un apartado obligado analizar la suficiencia o no de los recursos del programa.
Esto se realiza, en primer lugar, mediante una descripción de los recursos previstos a utilizar, que posteriormente se compara con los recursos que realmente se han empleado y con las necesidades que se han tenido.
La evaluación de los resultados
El segundo nivel de evaluación vendría dado por la evaluación de los resultados y efectos de los programas sobre las poblaciones receptoras. En este sentido, se refiere a un modelo de evaluación que permite ordenar nuestras actuaciones en relación a los objetivos que se plantea la prevención de las drogodependencias en el marco de la Educación para la Salud. Este planteamiento nos puede ser útil para la definición de programas y para su posterior evaluación. Los objetivos generales de la prevención ponen de manifiesto la necesidad de que las personas establezcamos relaciones no destructivas con las drogas, bien no iniciando su consumo, bien dejando el consumo de algunas sustancias, demorando su inicio, etc.
Desde las diversas estrategias preventivas se pretende provocar un cambio en las personas que, en última instancia, afectaría al modo de ser de una sociedad. No obstante, estos objetivos se materializan en los programas de manera más limitada y parcial. Los objetivos de los programas preventivos se suelen formular como: sensibilización, cambio de actitudes, fomento de estilos de vida más saludables, etc.
De tal forma que de esta serie de intenciones se desprenden una serie de actuaciones y de modificaciones parciales que van orientándose hacia el cambio final deseado. Por tanto, la formulación de objetivos sería un proceso de jerarquización descendente que constituye esencialmente un proceso de gestión dirigido a iniciar la acción y, evidentemente, a evaluar el efecto. Sin entrar en debates más profundos, y tras realizar un análisis de los objetivos que plantean los programas, resulta claro cómo estos objetivos se pueden ordenar en una secuencia lógica y sucesiva destinada a conseguir los fines generales que encuadran la actuación preventiva. Así, se puede apreciar que de los distintos objetivos se esperan al menos cuatro tipos de resultados que pueden ordenarse de la siguiente manera:
1. El primer grupo de objetivos se dirigirían a poner en contacto a las personas con los contenidos de la prevención. Se trata de una toma de conciencia y de una sensibilización. En este sentido, se enmarcan varias de las campañas de los medios de comunicación destinadas a la población general.
2. El segundo bloque de objetivos se aglutinarían en relación al cambio en los conocimientos. La información no es el resultado final de la prevención, pero es un paso preliminar para realizar cualquier trabajo posterior. El cambio en los conocimientos abre la puerta para que se produzcan cambios en la percepción y para que pueda trabajarse los cambios en las actitudes y finalmente en los hábitos y en los comportamientos.
3. En tercer lugar, estos objetivos de los programas se agrupan en relación a provocar un cambio en las actitudes y en los valores. Conseguir estas modificaciones, que son más profundas, requiere una labor más continuada que los objetivos descritos anteriormente.
4. Finalmente, hay programas que se destinan a introducir modificaciones en los comportamientos y en los estilos de vida. Este es uno de los objetivos principales de la prevención, que a largo plazo puede observarse en los indicadores epidemiológicos y a corto plazo puede estimarse mediante estudios de estilos de vida.
Como puede apreciarse, el tercer y cuarto tipo de resultados están mucho más cerca de las metas finales de la prevención que el primero, y en conjunto pueden considerarse como una escala de jerarquías. Mientras más intenso sea el programa más objetivos de los últimos tipos podrán conseguirse. Además, estos objetivos también están clasificados en el tiempo: aumentar el conocimiento se puede detectar muy pronto después de desarrollar la acción, mientras que cambiar las actitudes lleva más tiempo.
Si tenemos en cuenta esta clasificación a la hora de diseñar los programas de prevención, podremos organizar el programa de una manera lógica que facilita tanto la puesta en marcha como su posterior evaluación. Las evaluaciones de resultados tratan de constatar los cambios ocurridos en la población receptora tras la aplicación del programa. Si el programa define con claridad los resultados esperados será más fácil buscar los diseños y los instrumentos más adecuados para estudiar dichos cambios.
Estas evaluaciones de resultados, como se menciona anteriormente, son más complejas metodológicamente que las evaluaciones de los procesos, pero esto no significa que sean irrealizables y resultan, además, imprescindibles.