Foro: "La sociedad ante las drogas" - Familia - Análisis y reflexiones

Introducción

El presente texto de análisis y reflexiones se basa en los resultados preliminares del trabajo encargado a la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción por el Grupo de Trabajo del Foro "La sociedad ante las drogas" que durante el año 2005, se planteó abordar la dimensión familiar de las estrategias sobre drogas que se están utilizando en nuestro país.

Los datos que sustentan el análisis y justifican las reflexiones están extraídos de diversas fuentes:

  • Una encuesta a Administraciones Autonómicas (respondieron 11) y Municipales (22 respuestas, de una muestra de 55 Ayuntamientos)
  • Una encuesta a entidades sociales que trabajan en "Familias y Drogas" (se envió a 620, y respondieron 79)
  • 66 memorias (1994-2003) del Plan Nacional, los Planes Autonómicos y algunas Planes Municipales
  • 40 investigaciones de las realizadas en la materia, en España, desde 1995
  • 12 entrevistas personales a informantes clave de todo el Estado

Es evidente, por tanto, que los datos no reflejan la realidad de lo que en materia de "familia y drogas" se produce en España, sino sólo aquélla de quienes han respondido. Es cierto que en las diversas fuentes consultadas (y que han respondido) se encuentra una coherencia en los señalamientos, pero no es menos cierto que no se ha podido disponer de datos de Administraciones y ONGs muy significativas (sólo responden el 12% de las ONGs consultadas). Así mismo, la imposibilidad de incluir informaciones relativas a un grupo de Comunidades Autónomas que por si solas suponen un porcentaje sustancial (el 67% del presupuesto total de Comunidades Autónomas) de lo que en España se realiza en materia de drogas, hace que no se puedan realizar conclusiones generalizables y, en determinadas cuestiones, como es el caso de las dotaciones presupuestarias, falsea claramente las medias.

Por tanto, estos datos deben ser entendidos como lo que son: un panorama parcial, que refleja una parte de la realidad española y que no es aplicable al conjunto de ésta. La tarea de completar esa información es una cuestión pendiente, siendo preciso contrastar, completar o matizar lo que aquí se aporta con análisis ulteriores.

En el texto se resaltan los déficits y las limitaciones encontrados porque serían la justificación de las reflexiones. No quiere esto decir que se niegue la existencia de realidades positivas ni de progresos de cualquier orden. Obviamente, estos elementos existen; no es menos obvio que el panorama reflejado, por la voluntad operativa que se señalaba, no destaca tanto lo realizado cuanto las insuficiencias.

Déficits detectados

1) De forma claramente dominante el interés del "sector drogas" sobre las familias se centra en el papel de éstas en la génesis de los conflictos y en la corrección de los mismos, teniendo por tanto un carácter hasta cierto punto instrumental. Es mucho más infrecuente el interés por las familias como objeto último de atención que como sujeto de las necesidades. Desde los intereses prioritarios del sector "drogas" esto puede tener una lógica clara. No obstante, dado que una de las dificultades genéricamente señaladas es la no implicación de las familias, cabría pensar que en la búsqueda de esa implicación, sería útil hacer aproximaciones menos instrumentales y más atentas a lo que la propia familia pide (más motivadoras, por tanto).

2) De la información disponible (recordemos que son entidades del ámbito de las "drogas"), parece existir una clara falta de implicación en esta materia por parte de los departamentos y áreas de las Administraciones que no sean específicamente las de "drogas". En muchos casos las estructuras administrativas responsables de la gestión de la educación formal, de la animación sociocultural, de la intervención comunitaria, de las políticas de bienestar social, etc., etc., no parece que se sientan implicadas.

3) Si bien no podemos concluir, por la falta de respuestas hasta este momento, si se aprecia una insuficiente coordinación de las acciones en este ámbito, entre los departamentos administrativos cuando hay varios de ellos implicados, y eso se aprecia tanto entre las distintas Administraciones (estatales, autonómicas y locales) y entre éstas con las ONGs.

4) Se detectan disarmonias en el escalonamiento de la responsabilidad de gestión de los programas. La secuencia lógica de gestión que, de acuerdo con la proximidad al ciudadano, iría de la Administración Central a la Administración Autonómica, y de ésta a la Administración Local, para culminar en las organizaciones sociales, no siempre se cumple.

5) Parece insuficiente, en relación con el punto anterior, la planificación de la atribución de responsabilidades de gestión. Lo lógico sería que las acciones fueran asumidas, según su carácter de lejanía o proximidad al ciudadano y a las familias, por niveles distintos de la cadena Administraciones/ONGs; y esto no siempre es así.

6) Se detecta en las ONGs una dependencia casi absoluta de las Administraciones. Esto, que viene confirmado por la manifestación de las propias instituciones, puede suponerles una limitación en sus posibilidades y capacidades de acción y en su independencia de criterio.

7) Con las contestaciones recibidas,se detecta una falta de implicación en lo referido a la dimensión familiar en muchas ONGs, de las que trabajan en el sector "drogas". Independientemente de que pueda, o no, haber una dedicación específica al trabajo con familias, no es fácil argumentar que no se atienda esta dimensión en el ámbito de programas genéricos, mucho menos en entidades sociales en contacto directo con la realidad de los conflictos.

8) En lo manifestado por los propios agentes, resalta la falta de subprogramas específicos para las intervenciones sobre "Familias y Drogas". Las familias en riesgo por problemas de drogas, las familias en riesgo de exclusión social, las minorías, los perfiles de conflictividad específica, las exigencias de género, etc..., son insuficientemente atendidas y no cuentan con metodologías y programas ad-hoc.

9) También se explicita la insuficiencia de programas de intervención propiamente comunitaria. Las acciones se focalizan en ámbitos concretos (muchas veces con poblaciones cautivas), con olvido de la dimensión comunitaria de esos ámbitos.

10) En relación con la metodología y los modelos de programas, parece observarse, con la documentación que disponemos, una tendencia a reiterar fórmulas ya conocidas, que se encuentran exageradamente desarrolladas en relación con otras. Y esto no parece hacerse tanto por evidencias de su efectividad cuanto por una cierta inercia. Se echa en falta una flexibilidad en las maneras de aplicación (para beneficiar a más familias) y no están apenas desarrolladas fórmulas nuevas, innovadoras e imaginativas.

11) Se recoge la abundancia de materiales existentes, y una expresada satisfacción por la calidad de los mismos, aunque se siguen reclamando nuevos materiales; probablemente dirigidos a esos subprogramas que, como antes se señalaba, están insuficientemente atendidos.

12) Parece darse una situación de satisfacción respecto a los niveles de atención a la perspectiva de género (tanto en Administraciones como, sobre todo, en ONGs), cuestión que parecería básica en estos programas. No obstante, algunas fuentes insisten en la necesidad de profundizar en la materia.

Las limitaciones del trabajo, que hemos puesto de manifiesto en la introducción, han determinado por tanto que no se pueda hablar todavía de unas recomendaciones concretas, y si de seguir completando la información para su análisis, a partir del cual podamos realizar propuestas consistentes que aborden el papel de la sociedad en las intervenciones sobre familia y drogas.