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Encuesta sobre drogas a la población escolar 1998

Indicadores sociológicos y patrones de consumo. Introducción

La Encuesta sobre drogas a la población escolar 1998 se enmarca dentro del Programa de Encuestas Nacionales que viene desarrollando la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas y que, entre otras acciones, contempla la realización de una encuesta bianual entre los estudiantes de Enseñanza Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional con edades comprendidas entre los 14 y los 18 años. La realización de este proyecto, que ha supuesto la continuidad de las encuestas realizadas en 1994 y 1996, ha contado con la colaboración de los responsables de los Planes Autonómicos sobre Drogas, del Ministerio de Educación y Cultura y de los Departamentos de Educación de las Comunidades Autónomas con competencias en materia de educación.

La Encuesta escolar de 1998 permite conocer la situación actual de los consumos de las diferentes drogas entre los estudiantes españoles (las características sociodemográficas de los consumidores, los patrones de uso y abuso de drogas...) y sus principales tendencias en relación con los datos facilitados por las encuestas precedentes. Asimismo, facilita una valiosa información acerca de las percepciones, actitudes y opiniones de los estudiantes sobre aspectos relevantes relacionados con el uso de drogas, tales como el riesgo asociado a las diferentes sustancias, su disponibilidad, el grado de información con que cuentan, su valoración y receptividad respecto a determinadas intervenciones para la prevención del uso de drogas, etc.

La importancia de los datos facilitados por la Encuesta escolar radica en el hecho de que se dirige a un grupo de edad (14 a 18 años) en el que suelen iniciarse los consumos de la mayor parte de las drogas, circunstancia que permite identificar de forma precoz la presencia de ciertos hábitos y patrones de consumo. Por otra parte, al haberse mantenido para su realización la misma metodología de la encuesta realizada en 1996, permite evaluar la evolución que registran los consumos de drogas y las percepciones sociales de los escolares a lo largo del tiempo. Estas circunstancias hacen de la Encuesta sobre drogas a la población escolar una de las más valiosas fuentes de información de que dispone el Observatorio Español sobre Drogas.

La encuesta cuyos resultados ahora se presentan es un instrumento esencial para la evaluación de los programas de prevención del uso de drogas que se vienen promoviendo en el medio familiar y escolar, permitiendo la adecuación y reorientación de los mismos en función de la información disponible sobre la extensión de los consumos, los factores que aparecen asociados al uso o no uso de estas sustancias o a las percepciones y actitudes sobre aspectos claves para el desarrollo de estrategias preventivas.

Metodología

Universo

La población de referencia de la encuesta la integran los estudiantes españoles de 14 a 18 años, escolarizados en centros públicos y privados de Enseñanza Secundaria (BUP, COU, REM, Bachillerato LOGSE y ESO -excepto 1º y 2º-) y Formación Profesional (FPI, FPII, Ciclos Formativos y Módulos Profesionales).

Diseño muestral

El tamaño inicial de la muestra lo integraron 20.918 estudiantes incluidos en 826 aulas de un total de 389 centros escolares, reduciéndose el tamaño muestral válido a 19.191 estudiantes, tras anularse 265 cuestionarios deficientemente cumplimentados y excluir 1.462 correspondientes a estudiantes de 19 o más años.

El tipo de muestreo utilizado es el de conglomerados bietápico con estratificación de las unidades de primera etapa. Éstas han estado constituidas por los centros y las de segunda por las aulas o grupos de alumnos. Los criterios de estratificación han sido la Comunidad Autómona y la titularidad del centro (pública/privada). La asignación muestral por Comunidad Autónoma se realizó mediante afijación de compromiso entre la uniforme y la proporcional, a fin de asegurar un mínimo de 600 estudiantes por Comunidad Autónoma. Una vez determinado el tamaño muestral en cada Comunidad Autónoma la asignación por titularidad del centro se llevó a cabo mediante asignación estrictamente proporcional.

El método de selección de las unidades muestrales ha sido el siguiente:

  • Primera etapa (centros): probabilidad proporcional al tamaño.

  • Segunda etapa (aulas): probabilidad igual en cada centro.

  • Número de aulas por centro: constante (dos aulas).

Conclusiones

El análisis del conjunto de los datos aportados por la Encuesta sobre drogas a la población escolar 1998 y su comparación con los procedentes de la encuestas realizadas en 1994 y 1996 permite obtener algunas conclusiones relevantes respecto a las relaciones que los escolares mantienen con las drogas y la evolución de las mismas.

Ahora bien, estas conclusiones deben ser interpretadas teniendo en cuenta la presencia de una serie de procesos básicos que desde hace más de una década vienen condicionando los consumos de drogas entre los adolescentes y los jóvenes españoles: la mayor precocidad en el inicio al consumo de las distintas drogas y la creciente presencia femenina. De hecho, la influencia ejercida por estos factores provoca una tendencia natural a la expansión de los consumos de drogas entre los escolares, sin cuya consideración no podríamos entender el significado real de estas tendencias.

También convendría destacar que, a pesar de estos factores que favorecen la expansión de los consumos de drogas, se están registrando progresos notables en el control del consumo que los escolares realizan de determinadas sustancias, en particular de aquellas a las que se les ha prestado una mayor atención en las estrategias preventivas. Si bien es cierto que entre los objetivos de la Encuesta escolar no se encuentra la evaluación de los resultados y el impacto de los programas preventivos que vienen promoviendo diversas instituciones públicas y privadas, no es menos cierto que algunas tendencias observadas no serían fácilmente explicables sin valorar la influencia positiva ejercida por las distintas iniciativas de prevención que se han ensayado.

Una vez realizadas estas consideraciones previas, se resumen a continuación las principales conclusiones facilitadas por la Encuesta sobre drogas a la población escolar 1998:

Un porcentaje relativamente alto de escolares ha tenido contacto con las distintas drogas, principalmente con el alcohol, el tabaco y el cánnabis, siendo el patrón dominante el consumo experimental o esporádico y asociado a contextos lúdicos (Tabla 2.1).

La mayor experimentación de los escolares con algunas drogas se compatibiliza con la reducción en la continuidad de los consumos de todas las drogas con respecto a 1996, excepto en el caso de la cocaína y las sustancias volátiles. Es decir, el porcentaje de escolares que habiendo probado alguna vez en su vida las distintas drogas lo hicieron en el último año y /o en el último mes se ha reducido en 1998.

A pesar de que la evolución seguida por las prevalencias de los consumos de las diferentes drogas no es uniforme, puede hablarse globalmente de la existencia de una situación estacionaria (Figura 2.1).

Desciende de forma importante el consumo ocasional y habitual de éxtasis, alucinógenos, speed y anfetaminas, hasta situarse en niveles similares a los registrados en 1994.

Se reduce ligeramente el consumo de tabaco. A pesar de que el tabaquismo entre las escolares sigue siendo muy superior al registrado entre sus homólogos varones, la reducción del consumo habitual de tabaco se produce en los dos sexos.

Se mantiene estable el consumo de alcohol, detectándose sin embargo un proceso de desplazamiento de las preferencias hacia las bebidas fuertes (combinados).

La estabilización en el consumo de alcohol y la ligera reducción del tabaquismo entre los escolares son fenómenos especialmente importantes desde la perspectiva epidemiológica, no sólo por ser las sustancias más consumidas sino también por su papel relevante como drogas de inicio.

Aumenta el porcentaje de consumidores de cocaína, derivados del cánnabis y volátiles, fundamentalmente como resultado de su expansión entre los escolares más jóvenes (de 14 y 15 años).

Crece levemente el uso de tranquilizantes entre los escolares, tendencia que debe atribuirse al incremento de su uso por parte de los escolares varones, puesto que este consumo entre las chicas se mantiene estable.

El nivel de rechazo y el riesgo percibido asociado al consumo de las distintas drogas desciende en casi todas las sustancias, con excepción del tabaco donde se han registrado avances muy positivos.

La disponibilidad percibida de las sustancias es elevada, incluso de drogas ilícitas que tienen circuitos de distribución aparentemente poco accesibles.

Tres de cada cuatro escolares se sienten perfectamente o suficientemente informados sobre las drogas y sus efectos, aunque sólo la mitad considera la información recibida muy o bastante útil. El hecho de que la más importante fuente de la información recibida por los escolares sean los medios de comunicación explicaría en parte esta situación. La creciente incorporación durante los últimos años de las escolares al uso de drogas legales ha provocado unos niveles de consumo cada vez más comparables con el de sus homólogos varones. Así, las chicas registran mayores prevalencias que los escolares varones en los consumos de tabaco, alcohol (consumen con mayor frecuencia, aunque cantidades menores) y tranquilizantes. Por el contrario, los consumo de drogas ilícitas son significativamente más elevados entre los escolares varones (Tabla 2.2).

La mayor precocidad de los escolares en el contacto con las distintas drogas se pone de manifiesto en la ligera tendencia a la reducción de las edades de inicio al consumo de las diferentes sustancias (Tabla 2.3). Como viene siendo habitual en las diferentes aplicaciones de la encuesta, la proporción de consumidores aumenta con la edad para casi todas las sustancias (Figura 2.2).

Principales resultados: el consumo de las diferentes sustancias

Alcohol

El alcohol es la sustancia más consumida entre los escolares, el 84,2% declara haber consumido alcohol alguna vez y un 43,9% lo hace con una frecuencia de al menos una vez a la semana. Las prevalencias para los indicadores consumo alguna vez, últimos doce meses y último mes se mantienen estables respecto a 1996 (Figura 2.3).

Se mantiene el patrón de consumo de alcohol característico de los adolescentes, consistente en el consumo de cervezas y combinados, preferentemente en lugares públicos, con amigos y durante los fines de semana (viernes, sábado y domingo). De hecho, el 56,4% de los escolares que ha bebido en el último mes restringieron el consumo de alcohol al fin de semana. Los lugares habituales de consumo entre quienes han bebido en el último mes son los bares con amigos (un 71%), discotecas (52%) y la calle con amigos (un 40%). Por lo que se refiere a las preferencias en cuanto al tipo de bebida, apuntar que los combinados y la cerveza son las bebidas alcohólicas más consumidas por los escolares, observándose un desplazamiento de las preferencias hacia los combinados y los licores fuertes.

La cerveza es la bebida preponderante en los días laborales, si bien en los fines de semana los combinados/cubatas, los licores fuertes y los licores de fruta se sitúan por delante de la cerveza. Los episodios de consumo abusivo de alcohol son relativamente frecuentes entre los escolares, así el 41% se ha emborrachado alguna vez y el 23,6% en el último mes (Figura 2.4).

Por su parte un 30,3% de los estudiantes de 14 a 18 años ha tomado cinco o más vasos/copas de bebidas alcohólicas en un intervalo de tres horas al menos una vez en el último mes. Pese a ello, sólo el 12,8% de los escolares percibe que consume mucho o bastante alcohol, confirmándose la tendencia generalizada a infravalorar los consumos de alcohol. La edad media de inicio al consumo de alcohol se sitúa en los 13.6 años, en tanto que la de inicio al consumo semanal se sitúa en 14.9 años, no obstante, el 71,7% de los escolares de 14 años ha consumido alcohol en alguna ocasión (Tabla 2.5). Entre los 14 y los 15 años se registra el mayor incremento en el consumo de alcohol. Los chicos beben mayor cantidad de alcohol que las chicas, aunque éstas lo hacen con mayor frecuencia (Figura 2.5). La cantidad media de alcohol consumida por los escolares es de 12,2 cc. en días laborables y de 186,8 cc. en el fin de semana -227,6 cc los chicos y 150,6 cc las chicas- (Tabla 2.6).

Entre los consumidores de alcohol en el último mes, más de la mitad (el 54,7%) consume cantidades superiores a los 100 cc. en el fin de semana. Respecto a la presencia de determinados problemas asociados al consumo de alcohol, conviene destacar que uno de cada cuatro escolares reconoce haber tenido algún problema en su vida, principalmente conflictos sociales, debido al consumo de bebidas alcohólicas (Tabla 2.7). Los problemas señalados con mayor frecuencia son las riñas (17,3%), las peleas o agresiones físicas (8,8%) y los accidentes que requirieron atención médica (7,1%). Debe destacarse también que un 7,6% de los estudiantes que habían consumido alcohol en los doce meses anteriores a la realización de la Encuesta habían sido conductores en ese período de vehículos a motor bajo los efectos de esa sustancia y un 23,2% pasajeros de vehículos conducido por alguien bajo dichos efectos.

Las principales razones esgrimidas por los escolares para no consumir alcohol (entre quienes no lo hacen habitualmente) son su potencialidad para producir accidentes, los efectos negativos sobre la salud y su capacidad de provocar delitos y violencia.

Tabaco

Tras el alcohol, el tabaco es la sustancia con un consumo más extendido. El 62% de los escolares ha consumido tabaco en alguna ocasión, si bien si se excluye a aquellos que tan sólo han consumido algunos cigarrillos a lo largo de su vida el porcentaje de quienes han consumido tabaco alguna vez se situaría en el 34,7%, de los cuales un 6,4% son ex-fumadores y el 28,3% restante fuma actualmente.

La proporción de escolares que fuma diariamente se sitúa en el 21,6%. La evolución seguida por el consumo de tabaco entre los escolares es positiva reduciéndose hasta alcanzar los niveles que tenía en 1994 (Tabla 2.8 y Figura 2.6). La alta prevalencia del tabaquismo entre los escolares se compagina con la moderación en el número de cigarrillos consumidos; de hecho el consumo medio de los fumadores actuales es de 7,7 cigarrillos/día (un 42,7% fuma de 1 a 5 cigarrillos).

La cantidad media consumida aumenta cuando el consumo es diario hasta alcanzar los 8,7 cigarrillos/día (Tabla 2.9). Las prevalencias en el consumo de tabaco entre los escolares son sensiblemente superiores entre las chicas que entre los chicos, con una diferencia de casi 11 puntos porcentuales. Así, el 39,8% de las chicas ha fumado alguna vez frente al 28,8% de los chicos, en tanto que en el último mes lo ha hecho el 33,3% de las chicas y el 22,7% de los chicos (Tabla 2.8). En ambos sexos se ha reducido la prevalencia del consumo actual de tabaco. La edad aparece claramente asociada al consumo de tabaco, aumentando las prevalencia de consumo a medida que lo hace la edad (fuma el 15,8% de los escolares de 14 años frente al 46,5% que lo hace a los 18 años). A pesar de la positiva evolución seguida por el tabaquismo debe tenerse en cuenta que la prevalencia de su uso entre los escolares más jóvenes ha crecido ligeramente. La edad media de inicio al consumo se sitúa en los 13.1 años, elevándose a los 14.4 años para el consumo diario, no existiendo diferencias por sexos en las edades de inicio para este patrón de consumo (Tabla 2.10).

Cánnabis

El cánnabis es, tras el alcohol y el tabaco, la droga más consumida por los escolares, registrando prevalencias muy elevadas, tanto para su uso experimental (un 28,5% lo ha probado), como frecuente (un 17,2% lo ha consumido en el último mes). Es además la que experimenta un mayor incremento en sus niveles de prevalencia al crecer en un 8,2% en relación a 1996 el porcentaje de escolares que declara haberlo consumido en el último año (Figura 2.11 y Figura 2.7). Pese a ello, el aumento detectado en el consumo de cánnabis en el período 1996-98 es muy inferior al del período 1994-96, lo que podría indicar que se está desacelerando el crecimiento del uso de esta sustancia. En términos relativos, el incremento en el consumo de cánnabis es más importante entre los escolares más jóvenes, de hecho, la prevalencia de consumo en los últimos doce meses aumentó 2,1 veces entre los escolares de 14 años frente a las 1,2 veces que aumentó entre los de 18 años. Resulta especialmente preocupante la precocidad en el inicio al consumo de esta sustancia. Si bien la edad media de inicio al consumo se sitúa en los 14.8 años, sin que existan diferencias significativas por sexo, el 11,2% de los escolares de 14 años ha consumido cánnabis en el último año. Los varones presentan niveles de consumo superiores a las mujeres en torno a cinco puntos porcentuales para todos los indicadores de consumo (el 27,7% de los chicos ha consumido en el último año frente al 22,8% de las chicas).

Psicoestimulantes

El consumo de psicoestimulantes refleja cambios notables con respecto a la situación existente en 1996. Junto al ya señalado descenso del consumo de éxtasis y anfetaminas, más acusado en la primera sustancia, se produce un importante crecimiento del consumo de cocaína. A continuación se analiza la evolución y principales características de los consumidores de las diferentes sustancias incluidas en este grupo.

El consumo de éxtasis, que creció entre los escolares de forma espectacular en el período 1994-96, se ha reducido en 1998 hasta situarse por debajo de los niveles que tenía en 1994. De hecho, para el indicador consumo en los últimos doce meses los porcentajes de consumidores se han reducido en todas las edades y en los dos sexos (Tabla 2.12 y Figura 2.8). El número medio de pastillas de éxtasis consumidas por sesión es de 2,5, con una desviación típica de 2,7 y la duración media de una sesión es de 5,6 horas.

Una parte importante de los escolares consumidores de éxtasis han realizado alguna vez en su vida sesiones de consumo intensas, como pone de relieve el dato que indica que el 31% de quienes lo han probado declaran haber tomado 3 ó más pastillas en una sola sesión (período durante el cual se está ininterrumpidamente bajo los efectos de esta sustancia).

Los lugares más frecuentes de consumo son las discotecas (citadas por el 64,4% de los encuestados), los bares o pubs (29,7%) y fiestas (15,9%). En cuanto a las motivaciones expresadas para su consumo, las más recurrentes son la diversión (46,1%), la experimentación de nuevas sensaciones (39,5%) o bailar (22,9%). Un dato que confirma la asociación del consumo de éxtasis con contextos lúdicos lo constituye el que el 56% de quienes lo consumieron en el último año lo hicieron principalmente en el fin de semana y un 40% en ocasiones especiales (fiestas locales, cumpleaños, etc.)

El consumo de éxtasis es significativamente mayor entre los varones y aumenta a medida que se incrementa la edad (a los 14 años un 1,5% de los escolares afirma haber probado éxtasis frente al 9,1% que lo ha hecho a los 18). La edad media de inicio al consumo se sitúa en los 14.8 años. Por lo que se refiere a los efectos adversos asociados al consumo, destacar que los consumidores de éxtasis o drogas similares experimentan con cierta frecuencia problemas que atribuyen al consumo de estas sustancias, principalmente conflictos sociales como discusiones sin agresión física (35%) o absentismo escolar (19%). Los problemas de salud parecen menos frecuentes.

Conviene resaltar el hecho de que los consumidores de éxtasis o drogas similares viajan con frecuencia en vehículos de motor conducidos por personas bajo los efectos de estas drogas. Un 22% de los estudiantes que habían consumido estas sustancias en los doce meses previos a la encuesta (17% en 1996) había sido durante este período conductores de un vehículo estando bajo los efectos de estas sustancias y un 51% (48% en 1996) habían sido pasajeros de vehículos conducidos por alguien que estaba bajo dichos efectos.

El éxtasis tiene actualmente unos niveles de prevalencia sensiblemente inferiores al de sustancias como el speed, anfetaminas y alucinógenos, con las cuales frecuentemente aparece asociado su consumo, como consecuencia de la reducción que ha experimentado éste desde 1996. Respecto al consumo de speed o anfetaminas, debe señalarse que se registra un descenso en sus prevalencias de consumo, aunque no tan importante como el observado en el éxtasis. La proporción de escolares que en 1998 había consumido speed y anfetaminas en el último año se situaba en el 3,8%, inferior en 0,3 puntos a la registrada en 1996, pero todavía superior a la observada en 1994. Los consumos son notablemente superiores entre los varones y los escolares de 16 y más años (Tabla 2.13 y Figura 2.9). No obstante, debe indicarse que el descenso con respecto a 1996 afecta principalmente a los escolares de 16-18 años, mientras que entre los de 14-15 años ha aumentado el consumo.

El consumo de cocaína registra unas prevalencias elevadas entre los escolares, como pone de relieve el hecho de que un 4,8% la haya probado y el 4,1% la consumiera en el último año. El uso de esta sustancia entre los escolares ha crecido de forma significativa con respecto a 1996 (Tabla 2.14).

Entre 1994 y 1998 el porcentaje de estudiantes que había consumido cocaína en los últimos 12 meses aumentó 2,4 veces.

El aumento del consumo de cocaína afectó tanto a los chicos como a las chicas y a todos los grupos de edad, aunque en términos relativos ha sido mucho más importante en los estudiantes más jóvenes que en los mayores. Baste señalar que entre 1994 y 1998 la proporción de estudiantes que habían consumido cocaína en los últimos 12 meses aumentó 4 veces entre los de 14 años, 2,8 veces entre los de 16 años y 1,8 veces entre los de 18 años (Figura 2.10 y Tabla 2.14). El consumo de cocaína es superior entre los varones y aumenta a medida que lo hace la edad. Sorprende la precocidad del contacto de los escolares con esta sustancia ilícita (el 1,6% de los escolares de 14 años y el 2,9% de los de 15 la consumió en el último año).

Por lo que se refiere al consumo de alucinógenos, destacar que sus prevalencias disminuyen con respecto a 1996, situándose en unos valores similares a los existentes en 1994 (Figura 2.11). La prevalencia de consumo de alucinógenos durante los últimos 12 meses anteriores entre los estudiantes de 14 años fue de 1,3% en 1994, 1,4% en 1996 y del 2% en 1998 (Figura 2.11 y Tabla 2.15). El descenso se produce en ambos sexos y en todos los grupos de edad, excepto en el grupo de 14 años en el que el consumo crece hasta alcanzar una prevalencia del 2% para el indicador consumo en el último año.

Consumo de otras drogas

Entre 1994 y 1998 se ha producido un incremento del consumo de sustancias volátiles, que para el indicador consumo en el último año pasó del 1,8% registrado en 1994 al 2,7% de 1998 (Tabla 2.16). El 4,1% de los escolares ha experimentado en alguna ocasión con estas sustancias. A diferencia de otras drogas, las prevalencias más elevadas de consumo de volátiles se concentran en el grupo de edad más bajo (14 a 16 años). De hecho, el aumento experimentado por el consumo de volátiles es atribuible fundamentalmente al comportamiento seguido por los escolares más jóvenes. Así, mientras que la prevalencia de consumo en el último año aumentó 1,8 veces entre los estudiantes de 14 años, ha permanecido estable entre los de 18 años (Figura 2.12). Por lo que se refiere a la evolución seguida por el consumo de tranquilizantes/pastillas para dormir, se constata que las prevalencias de consumo han crecido ligeramente con respecto a la situación existente en 1996 (Tabla 2.17). El 7,7% de los escolares ha tomado tranquilizantes o pastillas para dormir alguna vez por prescripción médica, en tanto que un 6,4% lo ha hecho sin prescripción médica. El consumo de tranquilizantes es significativamente mayor entre las chicas. El 5,6 % de las chicas los consumió en el último año frente al 3,6% de los chicos. Aunque la prevalencia de su consumo aumenta a medida que lo hace la edad, resulta relevante que a los 14 años un 4,2% de los escolares ha usado alguna vez estas sustancias (Figura 2.13).

Opiniones, percepciones y actitudes ante diversos aspectos relacionados con el consumo de drogas

Riesgo percibido asociado al consumo de drogas

En general los estudiantes piensan que consumir drogas de comercio legal (alcohol, tabaco y tranquilizantes) causa menos problemas que consumir drogas ilícitas (Tabla 2.18). El consumo de heroína, cocaína y éxtasis (por este orden), tanto de forma ocasional como habitual, son las conductas consideradas como de mayor riesgo por los escolares, aunque no hay diferencias entre las distintas drogas ilícitas.

En lo que se refiere a las drogas de comercio ilícito, el riesgo percibido por los escolares parece estar más asociado a la frecuencia del consumo (el consumo habitual provoca un mayor rechazo que el ocasional) que al tipo de droga. Indicar a modo de ejemplo que un 78% de los escolares piensa que consumir habitualmente cánnabis puede causar muchos o bastantes problemas, frente a un 69% que piensa lo mismo de consumir heroína alguna vez. Se constata particularmente la existencia de un bajo riesgo percibido asociado al consumo de algunas sustancias como el cánnabis o el alcohol. De hecho, el grado de riesgo asociado al consumo habitual de cánnabis es muy similar al del consumo diario (1 paquete) de tabaco, en ambos casos con niveles de riesgo superiores al 70%.

De igual modo, la proporción de estudiantes que piensa que consumir cánnabis alguna vez puede causar muchos o bastantes problemas es del 46%, similar al 42% que piensa lo mismo de tomarse cinco o seis cañas/copas durante el fin de semana. Existe una asociación inversa entre riesgo percibido y los consumos de las diferentes drogas, de modo que las sustancias a cuyo consumo se les atribuye un mayor riesgo son las menos consumidas. La evolución temporal del riesgo percibido apunta a que desde 1994 se ha reducido éste para todas las sustancias, excepto para el consumo ocasional de éxtasis y el consumo de tabaco.

Esta evolución es congruente con la que han seguido los consumos de las diferentes sustancias, de forma que a medida que disminuye la percepción del riesgo crece su uso.

Aprobación/rechazo del consumo de drogas

Al igual que ocurría con el riesgo asociado, son el consumo habitual de heroína y cocaína (seguidos del de éxtasis y cánnabis) los comportamientos que provocan mayores niveles de rechazo (Tabla 2.19). Del mismo modo, los niveles de rechazo difieren significativamente según que el consumo sea habitual o esporádico, primando en el rechazo más la frecuencia del consumo que el tipo de drogas.

En general no pueden establecerse diferencias importantes respecto a la evolución del rechazo del consumo de drogas en los dos últimos años. No obstante, conviene resaltar que se rechazan en menor medida que en 1996 prácticamente todas las conductas de consumo de drogas analizadas, a excepción el tabaco que ha visto crecer significativamente el rechazo que provoca su uso y el consumo habitual de alcohol, cuyo nivel de rechazo se ha mantenido estable.

Un dato importante a destacar es que el consumo habitual de las diferentes drogas analizadas en el marco de la encuesta es asociado a la existencia de muchos problemas por un porcentaje mayor de los escolares que rechazan absolutamente este comportamiento. Los niveles de riesgo asociado al consumo de drogas percibido por los escolares, así como los de rechazo que provocan distintos patrones de consumo, parecen estar condicionados por las acciones informativas y sensibilizadoras desplegadas para controlar el uso de drogas. De igual modo, aquellas conductas que están más generalizadas entre los escolares (consumos experimentales y esporádicos) son las menos rechazadas.

Disponibilidad percibida de las sustancias

La disponibilidad percibida durante el período 1996-1998 varía en función de las distintas sustancias. Si bien ha aumentado el porcentaje de escolares que piensan que les resultaría muy fácil o relativamente fácil conseguir la mayoría de las drogas ilícitas (cánnabis, éxtasis, cocaína y heroína), se observan descensos en la disponibilidad percibida de las anfetaminas, los alucinógenos y tranquilizantes. Por su parte, la disponibilidad del alcohol se mantiene estable (Tabla 2.20). El alcohol y los tranquilizantes son las drogas con mayor disponibilidad percibida, en el segundo caso con un porcentaje de escolares próximo al 50% que declara que le resultaría muy fácil o relativamente fácil conseguirlos, a pesar de los controles existentes para su dispensación. Se percibe una alta disponibilidad incluso de las drogas de carácter ilícito como cánnabis (47,3%), éxtasis (37,8%), cocaína (26,6%) y heroína (20%).

Información recibida sobre el consumo de drogas y sus efectos y problemas asociados

Una amplia mayoría de escolares se considera correctamente informado acerca de los consumos de las distintas drogas, sus efectos y los problemas asociados a los mismos. Así, el 74,9% de los escolares se siente perfectamente o suficientemente informado sobre el consumo de drogas y sus efectos (el 74% en 1996 y el 66,4% en 1994), frente a un 3,8% que se siente mal informado. Las principales vías de información acerca de las drogas señaladas por los escolares son los medios de comunicación (en el 55,6% de los casos), los padres y hermanos (52%), los amigos (40,8%) y los profesores (37,9%). Las vías principales por las cuales reciben información los escolares no siempre son consideradas por éstos como las más adecuadas. Las mejores vías informativas y las más objetivas serían, según sus declaraciones, las charlas y cursos sobre el tema (47,2%) y la información procedente de personas que han tenido contacto con las drogas (46,3%). Si bien los niveles de información disponible por parte de los escolares han mejorado, perciben que ha disminuido la utilidad de la información recibida. En 1998 el 49,9% de los escolares considera que la información recibida es muy o bastante útil, frente al 65% de 1996 y al 65,7% de 1994. Sólo un 8,3% la considera poco o nada útil, en tanto que un 41,7% no responde a esta cuestión.

2. Características de los escolares consumidores de cocaína

Los resultados de la Encuesta sobre drogas a la población escolar 1998, ponían de manifiesto, entre otros fenómenos, el notable incremento del consumo de cocaína entre los escolares españoles. Esta circunstancia ha justificado que, por parte del Observatorio Español sobre Drogas, se haya realizado un análisis para conocer las características sociodemográficas, el rendimiento académico y los estilos de vida de los escolares consumidores de cocaína, cuyos resultados se describen a continuación. Las correlaciones, tanto positivas como negativas, que se establecen entre el consumo de cocaína y las distintas variables seleccionadas, únicamente nos permiten constatar la existencia de distintos grados de probabilidad entre la presencia de determinadas conductas (por ejemplo, la hora de regreso a casa en el fin de semana) y el nivel de uso de cocaína. En ningún caso es posible inferir de estos datos la existencia de relaciones causa-efecto.

Consumo de cocaína en función del sexo y la edad

La edad media de inicio al consumo de cocaína para el conjunto de los escolares de 14 a 18 años se sitúa en los 15.4 años, sin que existan diferencias entre los varones (15.5 años) y las mujeres (15.4 años). No obstante, el género condiciona de manera muy importante las prevalencias de uso, como pone de manifiesto que el 6% de los varones haya consumido cocaína en alguna ocasión frente al 3,8% de las mujeres. La probabilidad de haber consumido cocaína alguna vez en la vida se relaciona directamente con la edad, de modo que a mayor edad más alta es la prevalencia de consumo (Figura 2.14). El porcentaje de experimentación pasa del 1,9% a los 14 años hasta el 11,4% a los 18 años.

Consumo de cocaína y rendimiento académico

La probabilidad de haber consumido cocaína alguna vez tiene una relación directa con el número de cursos repetidos (Figura 2.15). De hecho la prevalencia de consumo para los escolares que han repetido algún curso se eleva hasta el 8,7% (tres veces por encima de quienes no han repetido nunca un curso), llegando hasta el 11,1% entre quienes han repetido dos o más cursos. Por su parte los consumidores de cocaína presentan un número de ausencias o faltas a clase muy superior a los no consumidores (2,7 faltas como media en el último mes y 1,2 respectivamente).

Consumo de cocaína y disponibilidad económica

La disponibilidad económica (dinero de bolsillo) de los escolares se relaciona con el nivel de experimentación con la cocaína, de forma que cuanto mayor es la cantidad de dinero de bolsillo disponible más altas son las prevalencias de uso (Figura 2.16). Quienes afirman haber consumido cocaína alguna vez disponían como media de 3.337 pesetas semanales, frente a las 1.721 pesetas de quienes no la han consumido.

Consumo de cocaína y utilización del tiempo libre

A continuación se describen las relaciones existentes entre el consumo de cocaína alguna vez en la vida y determinados estilos de ocupación del tiempo libre, mediante la utilización de indicadores como la frecuencia de las salidas nocturnas, la hora de regreso a casa en el fin de semana y el tipo de aficiones practicadas. La frecuencia con que los escolares realizan salidas nocturnas tiene una asociación directa con el grado de experimentación con la cocaína (Figura 2.17). Si entre quienes no salen nunca de noche la prevalencia de uso es del 0,5%, para quienes salen tres o más veces a la semana alcanza el 10,2%. También la hora de regreso a casa cuando se sale de fin de semana se asocia con la prevalencia de uso de la sustancia analizada. Así, la probabilidad de consumir cocaína, que para quienes vuelven a casa antes de las 24 horas es pequeña (un 0,6%), aumenta progresivamente a medida que lo hace la hora de regreso (Figura 2.18), alcanzando prevalencias del 2,8% entre quienes vuelven entre las 24 y las 03:00 horas y del 17,5% entre quienes regresan después de esa ahora. Por lo que se refiere al tipo de actividades desarrolladas en el tiempo libre por los escolares que registran mayores niveles de consumo de cocaína (Tabla 2.21), hay que señalar que las prevalencias de uso más altas se registran entre quienes acuden todos los días a discotecas o a bares/pubs, con prevalencias del 18,9% y 17,4% respectivamente. Por el contrario, la práctica de actividades deportivas, la asistencia a espectáculos deportivos y la lectura se asocian con prevalencias de uso más reducidas.

Consumo de cocaína asociado a otras sustancias

El policonsumo se configura como el patrón de uso de drogas más frecuente entre los escolares, motivo por el cual se analizan las principales asociaciones entre el consumo de cocaína y de otras drogas.

Consumo de cocaína y de tabaco

En la Figura 2.19 puede observarse como el consumo de tabaco es superior entre los escolares que han consumido cocaína alguna vez. El porcentaje de fumadores actuales entre quienes han consumido alguna vez cocaína se sitúa en el 76,5%, frente al 25,8% de quienes no la han consumido.

Consumo de cocaína y alcohol

Los escolares que han consumido cocaína alguna vez son también bebedores abusivos en mayor proporción que quienes no la han consumido (Figura 2.20). En el último mes los consumidores de cocaína se han emborrachado por término medio 3,2 veces, frente a las 1,1 veces de los no consumidores.

Consumo de cocaína y otras drogas ilícitas

En la Tabla 2.22 se muestran las relaciones existentes entre el consumo de cocaína y de las restantes drogas ilícitas (en ambos casos para el indicador consumo alguna vez en la vida). Las sustancias aparecen ordenadas según la razón de probabilidad de ser consumidas en función de que se registren o no consumos de cocaína. Así, entre los consumidores de cocaína las prevalencias de consumo de las distintas drogas de abuso son del 13,7% en el caso de la heroína (0,3% entre los no consumidores), del 45,6% para el éxtasis (1,4% entre los no consumidores), del 51,7% para el speed y las anfetaminas, del 54% para los alucinógenos, del 21,9% para las sustancias volátiles, del 94,7% para los derivados del cánnabis (un 25% entre los no consumidores) y del 20% para los tranquilizantes.

A modo de resumen puede afirmarse que los consumidores de cocaína tienen muchas más probabilidades de ser también consumidores de otras drogas ilícitas. Pueden observarse cuatro pautas de probabilidad:

  • La práctica totalidad de los consumidores de cocaína consumen derivados del cánnabis.

  • La mitad de éstos también consumen alucinógenos, speed o anfetaminas y éxtasis.

  • Dos de cada diez consumen sustancias volátiles o tranquilizantes.

  • El 13,7 % consume heroína.

Percepción del riesgo y consumo de cocaína

Las prevalencias de consumo de cocaína entre los escolares que opinan que el consumo experimental (alguna vez) o habitual puede causar muchos problemas son las más reducidas, del 1,5% y el 3,2% (Figura 2.21). A medida que se va relajando la opinión sobre los problemas de salud o de cualquier otro tipo que puede provocar el consumo habitual o esporádico de cocaína, las prevalencias de consumo van en aumento.

3. Prevalencia del consumo de tabaco en los profesionales santiarios del INSALUD, 1998

Se recogen a continuación los principales resultados obtenidos por un estudio realizado por el INSALUD con el objetivo de conocer la prevalencia y características del hábito tabáquico entre los profesionales sanitarios de esta institución. Este estudio se enmarca dentro del Programa de prevención del tabaquismo en los profesionales del INSALUD puesto en marcha por el Ministerio de Sanidad y Consumo, teniendo por finalidad la de proporcionar un punto de referencia que permita evaluar con posterioridad el programa.

Metodología

Universo: profesionales sanitarios del INSALUD (España). Muestra: 1.282 profesionales. Tipo de muestreo: polietápico con estratificación de las unidades muestrales por tipo de asistencia, considerando personal médico y personal de enfermería. Trabajo de campo: cuarto trimestre de 1998.

Principales resultados

La prevalencia del consumo de tabaco (Tabla 2.23) entre el personal sanitario registra unos niveles para el indicador consumo diario similares a los existentes en la población general española (un 32,9% según los datos aportados por la Encuesta domiciliaria sobre drogas de 1997). Estas prevalencias son muy elevadas si se tiene en consideración el nivel de información que estos profesionales manejan acerca de los riesgos y efectos asociados al tabaquismo.

  • El nivel de tabaquismo es sustancialmente más elevado entre el personal de enfermería (con un 43,2% de fumadores) que entre el personal médico (34,7% de fumadores).

  • El personal sanitario femenino, en su conjunto, presenta un consumo muy superior (42,2%) que el masculino (34,2%).

  • El 39,8% de los médicos de atención primaria y el 30,5% de los cardiólogos, neurólogos y ginecólogos son fumadores.

  • El 35,5% de los sanitarios que fuman tienen la intención de abandonar el consumo de tabaco en los dos próximos años.

  • El 83,7% de los profesionales sanitarios manifiesta que en los pasillos y salas de espera de sus centros de trabajo existen carteles advirtiendo de la prohibición de fumar.

  • El 85,8% de los médicos de atención primaria y el 84,3% de los cardiólogos, neurólogos y ginecólogos preguntan a sus pacientes sobre sus hábitos de consumo de tabaco y más de un 75% de los médicos aconseja a sus pacientes fumadores que abandonen el consumo de tabaco.

4. Demanda directa de bebidas alcohólicas (Mº de Agricultura, pesca y alimentación)

Se ofrecen a continuación los datos facilitados por el Panel del consumo alimentario (Mº de Agricultura, Pesca y Alimentación) correspondientes al conjunto del año 1998 y a los tres primeros trimestres de 1999, en el que se recoge la demanda directa y el gasto realizado por los hogares, establecimientos de hostelería-restauración y las instituciones españolas en la adquisición de diferentes bebidas alcohólicas.

El volumen global de las compras de bebidas alcohólicas registradas en 1998 ascendió a un total de 3.813,5 millones de litros (Tabla 2.24), lo que supone un incremento del 1% respecto a 1997, porcentaje que se sitúa por debajo del incremento global del 1,6% que registraron las compras de los alimentos en España en ese mismo período.

Por su parte el consumo per capita de bebidas alcohólicas se situó en ese año en 95,9 litros, una cantidad superior en un 0,9% a los 95 litros registrados en 1997. Los establecimientos de hostelería-restauración continúan siendo los espacios donde se produce fundamentalmente el consumo de bebidas alcohólicas, representando el 68,29% del total de las compras nacionales, mientras que los consumos realizados en los hogares suponen el 30,93%. El peso de las compras realizadas en este tipo de establecimientos es aún mayor en el caso de bebidas como los licores, cerveza y sidra, con porcentajes superiores al 75% del total de las compras realizadas en el país. La evolución seguida por las compras de las distintas bebidas alcohólicas en 1998 con respecto a 1997 (Tabla 2.25) permite extraer algunas conclusiones:

El consumo de vinos ha aumentado un 1,6% entre 1997y 1998, aumento que llega casi al 6% en el caso de los vinos de calidad (v.c.p.r.d) y al 2,2% en los vinos de mesa. Este incremento ha sido mayor en el sector de hostelería-restauración. Los espumosos, así como los denominados "otros vinos" (finos, jerez, aperitivos, etc.), registran descensos del 9% y el 26% respectivamente.

  • Las compras de cerveza crecieron en un 1% en el período 1997/98, aumento observado tanto en el hogar como en los sectores extradomésticos.

  • Continúa el descenso de licores ("otras bebidas alcohólicas") en todos los sectores, con una baja del 2,6%

  • El consumo de sidra creció un 2%, debido al incremento del 6% registrado en el sector de hostelería-restauración. Los hogares y las instituciones registraron bajadas en sus compras.

Por su parte la evolución seguida en las compras del conjunto de bebidas alcohólicas en el período 1993/98 muestra una disminución global en las mismas del 12%, lo que supone un descenso anual medio del 2,4%. Esta disminución debe atribuirse al descenso en un 18,5% del consumo de cerveza, con un peso muy importante dentro de las bebidas alcohólicas (57%). También ha bajado de forma notable el consumo de licores, en un 22%, confirmando la tendencia a la baja observada en los últimos años. Por el contrario el vino ha sufrido en estos años un incremento del 4,3%. El valor total del gasto realizado durante 1998 en la adquisición de bebidas ascendió a 986.487,3 millones de pesetas, un 3,13% superior al registrado en 1997 (Tabla 2.26).

El incremento en el gasto se produjo en todas las bebidas, siendo la sidra y los licores los productos que registraron un mayor crecimiento (del 19,8 % y el 5% respectivamente), seguidos de los vinos (3,66%) y la cerveza (0,95%). Los establecimientos de hostelería-restauración concentran el 73,79% del gasto realizado, con un aumento del 0,35% de su peso relativo respecto al consumo en el hogar registrado en 1997.

Una vez analizados los datos del conjunto del año 1998, se ofrecen los datos relativos al período enero-septiembre de 1999, referidos al consumo y al gasto realizado en los hogares y establecimientos de hostelería-restauración, al no estar disponibles los datos de las instituciones, que suponen menos del 1% del conjunto de las compras y el gasto en bebidas alcohólicas.

La información que se recoge en la Tabla 2.27, referida al consumo y al gasto derivado de la compra de bebidas en los hogares, pone de manifiesto que durante los primeros nueve meses de 1999 la demanda global de bebidas alcohólicas se ha reducido en un 0,64% con respecto al mismo período de 1998.

Esta evolución no resulta uniforme, puesto que mientras que la sidra, los licores, el vino de mesa y los espumosos y cavas han experimentado descensos notables, otras bebidas como la cerveza, los vinos de calidad y los aperitivos han visto crecer el volumen de su demanda.

A pesar de la reducción observada en el consumo de bebidas alcohólicas en los nueve primeros meses de 1999, el gasto en su adquisición creció un 3,6% con respecto al mismo período del año precedente. De diferente signo ha sido la evolución de los consumos de bebidas alcohólicas en los establecimientos de hostelería-restauración, que en el período enero-septiembre 99/98 crecieron un 2,4%.

El consumo extradomicliliario creció en todas la bebidas, salvo en los licores y los vinos de calidad. No obstante, existen datos que avalarían la desaceleración del consumo de alcohol en los establecimientos hosteleros, como pone de relieve el hecho de que considerando sólo el tercer trimestre de 1999 (el último disponible) globalmente las compras de bebidas alcohólicas se habrían reducido en un 1,9%.

Considerando conjuntamente el consumo de los hogares y de los establecimientos de hostelería-restauración (Tabla 2.28) el consumo de bebidas alcohólicas habría crecido en los primeros nueve meses de 1999 un 1,4 % en relación al mismo período de 1998, un crecimiento registrado en todas las bebidas exceptuando los vinos de mesa y de calidad (v.c.p.r.d). Por su parte, el consumo de bebidas alcohólicas en los hogares y establecimientos de hostelería-resturación en los primeros nueve meses de 1999 fue de 68,91 litros per capita.

La evolución seguida en el gasto destinado a la adquisición de bebidas alcohólicas en el período enero-septiembre de 1999 confirma que el mismo ha crecido muy por encima de lo que lo hiciera el volumen de las compras en estos productos (Tabla 2.29). Globalmente el gasto creció un 4,89% en relación con el mismo período del año precedente, destacando que este incremento afecte tanto a las compras realizadas en el hogar (cuyo gasto aumentó un 3,6%) como en hostelería-restauración (un 5,3%), así como a todas las bebidas. Los mayores crecimientos del gasto se produjeron en la sidra y la cerveza